Pasó ya la época de exámenes, con lo cual puedo volver a mis actividades normales (que no se alteran mucho en la época de exámenes, pero es una buena excusa). Entre ellas, volver al blog.
Hoy toca Religión Griega, y vamos con uno de los documentos más fascinantes (en realidad debería ser en plural). Las laminillas de oro son unas pequeñas (en promedio 6×9cm. aunque varía) tablillas doradas encontradas en diversas tumbas (en diversas zonas de Grecia e Italia, como Sicilia, Creta, Hipponion, etc..). El mensaje de estas láminas es una suerte de “libro de los muertos” donde se le indica al iniciado lo que debe hacer una vez que llegue a la Morada de Hades para acceder a ese destino post-mortem glorioso que tiene por su condición de mýstai. Pasaré a dar una breve introducción de ellas.
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Finalizando el siglo XIX se encontraron en unas tumbas de diversas zonas (Tesalia, Sicilia y Creta principalmente). La diversidad de las zonas en donde se encontraron, más el mensaje claramente mistérico (que pasaré a analizar a continuación) fueron uno de los motivos para afirmar la existencia del “Orfismo” en la época clásica. Ya que las láminas fueron datadas hacia el siglo IV y III a.C. La cuestión del Orfismo es tan compleja y dinámica que uno se asombra cuando se dice a la ligereza “Platón tiene influjos órficos”. Aquí la Arqueología se unió a la filología para determinar que las laminillas eran órficas. Los estudios posteriores de Linforth (1940) y Zuntz (1971) dieron vuelta atrás el asunto al calificarlas en todo caso de “pitagóricas”.
De quien eran las laminas no me importa en éste momento. Lo que importa es que sí pertenecían a un ámbito mistérico. Quizás Eleusis, quizás Dionisíaco, quizás Órfico o Pitagórico. Esto me llevaría un trabajo aparte de justificar a cual creo que pertenecen.
Las laminas siguieron apareciendo luego, y en los últimos años los avances han sido bastante mayores, pues cada año se siguen descubriendo laminillas. Las hay de diversas formas (forma de corazón, rectangulares, etc…), colocadas en diversas posiciones, y con textos ciertamente distintos. Lo que supone que debemos tomarlo con cautela (sobre todo para plantear de que culto provienen). Para tener un texto a mano de futura referencia, citaré acá la laminilla de Hipponion1. Veamos la lámina:
Esto es obra de Mnemósine. Cuando esté en trance de morirse
hacia la morada bien construida de Hades,
hay a la derecha una fuente y cerca de ella, erguido un albo ciprés.
Allí, al bajar, las almas de los muertos se refrescan.
A esa fuiente no te allegues de cerca ni un poco!
Pero más adelante hallarás, de la laguna de Mnemósine
agua que fluye fresca. Y a su orilla hay unos guardianes.
Ellos te preguntarán, con sagaz discernimiento,
por qué investigas las tinieblas del Hades sombrío.
Di: “Hijo de Tierra soy y de Cielo estrellado; de sed estoy seco y me muero.
Dadme pues, enseguida, a beber agua fresca de la laguna de Mnemósine”.
Y de cierto que consultarán con la reina subterránea, y te darán a beber de la
laguna de Mnemósine.
Así que una vez que hayas bebido, también tu te irás por la sagrada vía por la que los demás
iniciados y bacos (mystai kai backhoi) avanzan gloriosos.
Analicemos algunos aspectos interesantes. Lo primero que nos tiene que resultar llamativo al menos, es la primera línea. se dice que es hoja de Mnemósine, la musa de la Memoria, y por otro lado, que cuando uno muere se dirige hacia la morada del Hades. En el texto griego se aprecia mejor la idea de que “morir” es el verbo utilizado para denotar el viaje. Esto indica que morir es un viaje al otro mundo.
El hecho de que sea la musa de la memoria la “autora” de la hoja, no es menor. Si tenemos en cuenta que las instrucciones que se dan en la lámina son justamente eso, un “ayudamemoria” que el difunto esperaba tener en el más allá. De hecho, la situación funeraria autoriza esta interpretación: Siempre se encontaron las hojas en el cuerpo del difunto (aunque no en la misma posición o zona).
Una vez que el alma del muerto llega al Hades tiene dos fuentes o lagunas2. Si se dirige a la primera, producto de la sed que tiene el alma, de la cual no debe beber. Algo similar se nos dice Platón en el mito de Er (Rep. 617c en adelante), en donde Plátón nos habla del Rio del Olvido.
A esto el iniciado sabía que no debía dirigirse (seguramente porque significaría o bien que renacería o bien que sufriría los castigos del Hades), pero si sabía que había otra laguna, y que en ella diciendo la contraseña adecuada, podría beber y pasar a una vida post-mortem gloriosa, al igual que otros iniciados y bacos. La reina a la que se consulta es Perséfone, que se sabe es esposa de Hades (esto ya está atestiguado en la Iliada y la Odisea).
Si alguien leyó alguna vez el descenso al Hades de Odiseo (Libro XI), se encontró con el panorama sombrío del Hades para los griegos. Los muertos eran meras sombras inanimadas que vagaban con el Hades, y sólo podían obtener algunas funciones como el habla si ingerían la sangre de un sacrificio. Así Odiseo puede hablar con el adivino, con su madre, Ayax, Agamenón, etc… y Aquiles mismo decía que prefería ser siervo en este mundo, que rey del Hades. Una religión como la religión de la polis, tenía una función social primordial: Integraba al sujeto a la pólis. La tendencia aristocrática tendía a ver a ésta vida como la ideal. Todo lo que venga después no era muy ameno, salvo casos realmente excepcionales (pues ni Aquiles se salvó de eso).
Frente a esto, a comienzos del siglo VII (o quizás antes), se introdujo en los cultos mistéricos (que revertían un carácter familiar, o en su mejor caso, secreto) una dimensión escatológica (como atestigua el Himno Homérico a Demeter). El iniciado debía experimentar en la teleté (que traducimos generalmente como rito o iniciación) lo que sucedía en el Hades a la hora de morir para obtener esa vida post-mortem gloriosa. No todos los cultos mistéricos prometían la misma vida post-mortem, ni los mismos preceptos. Los misterios de Eleusis que funcionaban ad hoc al culto publico de Atenas principalmente, bastaban con la iniciación a los misterios mayores. En cambio, al parecer, los órficos (incluso tomándolo solo como una profesión ejercida por Orfeotelestas) exigían cierto modo de vida a seguir a partir de la iniciación.
Con este contexto, el lugar de las láminas es claro. Y esta atestiguado en otras culturas, cercanas como la Hitita o en la tradición hindú3. Mediante la lámina, el iniciado podía recordar lo que había aprendido en la iniciación. Si se lo quiere, era un último (y vital) recurso para escapar a esa continuación sombría que significaba el Hades homérico.
Hay algunos elementos interesantes que discutiré en otro momento. Como introducción me parece al menos suficiente. Pero es un tema que seguiré tratando!
Notas- Utilizo la traducción de Bernabé en Bernabé, A. (2003). Hieros logos. Poesía órfica sobre los dioses, el alma y el más allá. Madrid: Akal. Existe el trabajo conjunto de Bernabé y Jimenez San Cristóbal llamado “Instrucciones para el más allá: Las laminillas órficas de oro (2001) del que tengo la traducción inglesa que oficia de segunda edición (2008) Instructions for the Netherworld: The Orphic Gold Plates. De esta edición sigo el texto griego. [↩]
- En las láminas es indistinto si es fuente o laguna, lo que importa es que te mantengas alejado de una de ellas [↩]
- Recomiendo ver el capítulo dedicado a las comparaciones en el libro de Bernabé-Jimenez citado supra. [↩]















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