Continuación de la primera y segunda parte de este trabajo, cuyo objetivo es brevemente dar los lineamientos generales de los sucesores de la Academia de Platón.
Hoy toca ver a quizás, el exponente más importante (por su influencia posterior) de la Academia Antigua. Me refiero a Jenócrates de Calcedonia, y es que sin entender someramente algunos de los items de este filósofo, entender lo que llamamos “Platonismo Medio” se vuelve muy complicado.
Vida y Obras
Para introducir a Jenócrates, dare un breve repaso por su vida. Jenócrates nace hacia el 396 a.C en la ciudad de Calcedonia, y parece ser que desde joven ya estaba involucrado con Platón, acompañándolo en sus últimos dos viajes a Sicilia. Cuando Espeusipo muere, en el 339 a.C, va a ser Jenócrates quien se haga cargo de la Academia. Para este momento, el Liceo de Aristóteles comenzaba a establecerse como un punto de conflicto con la academia. Las relaciones eran, al parecer, hostiles.
Se le adjudican a Jenócrates (según Diógenes Laercio IV, 11-14) más de setenta trabajos donde se trataba de diversos temas. Tenemos su trabajo en seis libros “Sobre la Naturaleza”, que fue quizás el mas importante, trabajos sobre las Ideas, los Dioses, el Destino y el Bien. O compendios de lógica, ética y política. Jenócrates fue un prolífico escritor, del cual no disponemos de casi ninguna cita textual para admirar o desdeñar su estilo. La mayoría de las fuentes que tenemos, son doxográficas o testimoniales, siendo los dos pilares más importantes Aristóteles y Plutarco. Uno lo trata con hostilidad y el otro trata de esconder más de lo que quiere su influencia.
Se le adjudica a Jenócrates (fr 1. Heinze)1 la división de la filosofía en Física, Ética y Lógica (aunque dicha división esté en los tópicos de Aristóteles), tradición que luego retómaría el Platonismo y el Estoicismo. Jenócrates fue también, un gran sistematizador de su doctrina, y es inobjetable que las interpretaciones de Platón posteriores, tienen la lente de Jenócrates en muchos casos.
(Meta)Física
Cuando Jenócrates hablaba de Física, tenía en mente sobre todo la doctrina de los primeros principios. Al igual que Espeusipo postuló dos primeros principios, lo Uno y la Díada indefinida. Difería si, en el tratamiento que hacía de ambas:
Jenócrates … dice que son dioses la Mónada y la Díada. El primero como Macho, tiene el rol de padre, reinando en los cielos, a quien llama “Zeus” e (numericamente) Impar e Intelecto, y es para él, el primer dios (proton theos). El otro (sc. la diada) es femenino a la manera de “Madre de los Dioses”, reinando el reino debajo de los cielos, que es para él, el alma del universo (psyche tou pantos). (Fr. 15 H)
Este pasaje de Aecio, nos sirve para tener algunas referencias textuales posteriores. En primer lugar, vemos un interés de Jenócrates por dar de alguna manera, sentido a una tradición religiosa griega que incluye en su filosofía. Vemos como también retoma cierta forma de Platonismo (especialmente en el Timeo) a la que resignifica a partir de estas interpretaciones. No obstante el pasaje de Aecio presenta un problema, y es que Plutarco (De Proc. An. 1012E) dice que el alma del mundo no es la díada, si no producto de la unión entre la mónada y la díada. Dillon (p. 104-5) sugiere una laguna en el texto de Aecio y propone asimilar a la Díada con Rhea, que en el Orfismo (recordemos la Teogonía del Papiro de Derveni) figura como “Madre de todos los Dioses”. Una propuesta interesante, pero que debería ser analizada con más profundidad.
Se diferencia Jenócrates de Espeusipo en atribuirle a la mónada predicaciones positivas. Por ejemplo, dice que es Intelecto. Esto puede surgir de las críticas que Aristóteles al sobrino de Platón. Jenócrates no sólo concedería a Aristóteles que el primer principio debe ser Intelecto, si no que resuena el problema: Si el Intelecto se piensa a si mismo, ¿Qué piensa? La respuesta es “Formas”. Esto nos daría el indicio de que Jenócrates (sugiere Dillon) fue el primer platonista del que tengamos registro, hizo de las Ideas “Pensamientos de Dios”. Algo que será patente en el Platonismo Medio desde Antíoco y Filón en adelante. ¿Qué son las Formas para Jenócrates? En primer lugar, y de vuelta, alejándose de Espeusipo, tenemos el testimonio de Aristóteles (Metaph. H 1028b24, Fr. 34 H.) que dice que según él, “Las formas y los números tienen la misma naturaleza, y que de ellos derivan las demás cosas, las líneas y las superficies, hasta llegar a la entidad del firmamento y a las cosas sensibles”. Un pasaje posterior de la Metafísica (1085a7ff.) nos dice que Jenócrates derivaba líneas, solidos y superficies a partir de los numeros postulando “especies” de lo Grande y lo Pequeño. Algo que Aristóteles también atribuye a Platón.
Jenócrates definió a las Ideas como “las causas paradigmáticas de los fenómenos regulares naturales” (fr. 30H). De esta manera resolvió en parte el problema de las Ideas de objetos artificiales o de “desviaciones” de la naturaleza. Dicha definición iba a transpasar las barreras y llegar al platonismo medio. Otra muestra más de la influencia de Jenócrates.
Una veta pitagórica se puede ver en la concepción del “Alma” de Jenócrates, quien la derivaba de los números (ver el pasaje de Plutarco citado supra). Esto convertía al Alma en un principio mediador entre los dos mundos.
Otra particularidad del pensamiento de Jenócrates es la división tripartita del kosmos (y su consecuencia epistémica), que podríamos decir, se deriva de los planteos de Platón en la República:
Jenócrates dice que hay tres formas de realidad (ousíai): la sensible, la inteligible y la que se compone de estas dos (la opinable); y de estas, la que existe debajo de los cielos es la sensible, y la inteligible la que existe por fuera de los cielos, y la opinable o compuesta es la que forma el cielo en si mismo ya que es visible por la percepción, pero inteligible a través de la astronomía. (Sext. Emp. Adv. Math. VII 147)
Sexto Empírico continua diciendo que lo que está por fuera de los cielos y es inteligible es conocimiento (episteme), que lo que está en la región por debajo de los cielos es perceptible (aisthesis), y el compuesto de existencia mixta es opinión (doxa). En base a esta división, que encuentra alguna diferencia con la exposición de Plutarco, Jenócrates da lugar a su teoría de los daemones, que supone una “matematización” de la teoría expuesta por Platón en el Simposio.
Ética y Lógica
El pensamiento metafísico de Jenócrates es complejo de reconstruir. Este breve pantallazo sólo nos deja lugar para comentar brevemente el pensamiento ético y lógico de Jenócrates. Para seguir el orden, comenzaré brevemente por la lógica.
Ya habíamos visto que a la división tripartita del mundo, le correspondía una división tripartita del conocimiento. Una cuestión en la que Jenócrates se aparta de Platón es en el tratamiento de la dóxa. Cuando recordamos la línea dividida, la doxa estaba a medio camino de la episteme (conocimiento) y la ignorancia (agnosia). En este caso, Jenócrates parece haber tomado algunos elementos de Aristóteles (en el De Anima) y ve en la Doxa alguna mediación necesaria entre sus instancias metafísicas. Tengamos los objetos celestes, que los podemos percibir, pero no se nos presentan como realmente son. Para conocer eso, necesitamos, dice Jenócrates, de la Astronomía como ciencia.
Respecto a la Ética, Jenócrates maneja el acervo platónico típico. El de alcancar la excelencia y el conocimiento como forma de vida, desprendiéndose de lo material. Aunque a un nivel no tan extremo como Platón, si no más bien dejando los bienes materiales a un segundo nivel como Espeusipo. Al parecer predico la abstención de la Carne, según una noticia de Porfirio. Y sus tratados de política lo sitúan activamente involucrado en las cuestiones de su tiempo, aunque no tengamos mayores noticias.
Reconstruir la historia de este filósofo es complicado, pero vale la pena dar un paneo general para que después se trabaje sobre él o se amplíe. Este pequeño raconto es pasible de ser modificado, y cualquier comentario, consulta o sugerencia, se sabe, es bienvenido!
Notas- Como en Espeusipo, las traducciones son de los testimonios recolectados por Dillon en su The Heirs of Plato. [↩]















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